Estados Unidos y Europa se quedan atrás en la carrera por el control del Ártico
El Ártico se ha transformado en una región estratégica central a medida que el deshielo —que avanza casi cuatro veces más rápido que el promedio mundial— abre nuevas rutas marítimas y facilita el acceso a energía y minerales críticos. Esta dinámica ha intensificado la competencia geoeconómica entre grandes potencias por el control de recursos, reglas y corredores comerciales que influirán en los mercados globales durante décadas.
Rusia domina claramente el Ártico gracias a su geografía y a la concentración de recursos. Aproximadamente el 80 % de la producción de petróleo y gas del Ártico proviene de territorio ruso, y los yacimientos árticos representan alrededor del 20 % de la producción petrolera rusa, con un peso aún mayor en su potencial exportador. La región alberga 35,7 billones de metros cúbicos de gas natural, cerca del 75 % de las reservas probadas de Rusia, más que el resto del Ártico combinado. Además, en sus territorios árticos se concentran el 95 % de los metales del grupo del platino, dos tercios de las tierras raras, el 100 % del níquel y el 92 % del cobalto que produce el país. Esta base le ha permitido mantener su presencia en los mercados asiáticos pese a las sanciones occidentales.
Tras la invasión de Ucrania en 2022, Rusia redirigió sus flujos energéticos hacia Asia utilizando la Ruta Marítima del Norte (RMN), que reduce casi a la mitad el tiempo de viaje entre el norte de Europa y Asia frente al Canal de Suez. El crudo y el condensado se transportan cada vez más mediante una “flota fantasma”, mientras que el GNL de Yamalsigue llegando a compradores asiáticos y europeos. Sin embargo, la decisión de la UE de prohibir las importaciones de GNL ruso a partir del 1 de enero de 2027 hará aún más estratégica esta ruta para Moscú. El Ártico también se ha consolidado como un espacio clave para la evasión de sanciones mediante transferencias de buque a buque y estructuras opacas.
China, aunque con menor presencia física, ha asegurado una posición estratégica relevante. Empresas chinas controlan casi el 30 % del proyecto de GNL de Yamal, financiado con apoyo de bancos estatales dentro de una inversión de 27.000 millones de dólares. Esto garantiza suministro de GNL a largo plazo, acceso a tecnología energética en condiciones polares y opciones futuras en rutas marítimas árticas. Además, Pekín ha buscado participaciones en tierras raras en Groenlandia y en hierro y níquel en el Alto Norte, recursos clave para las cadenas de suministro de energía limpia. La “Ruta de la Seda Polar” refuerza su resiliencia comercial frente a posibles disrupciones en el Mar Rojo, Suez o el Estrecho de Malaca.
En contraste, los recursos occidentales están más fragmentados. Alaska aporta alrededor del 3,5 % de la producción total de crudo de EE. UU., Suecia alberga en Kiruna el mayor yacimiento de tierras raras de la UE —capaz de cubrir hasta el 18 % de la demanda del bloque— y Finlandia se convertirá en el primer productor integrado de litio de la UE. Groenlandia cuenta con un alto potencial mineral, aunque las dificultades logísticas limitan inversiones a corto plazo.
En conjunto, la rivalidad por los recursos y las rutas del Ártico ya está teniendo efectos estructurales en los mercados globales. Un control más concentrado de las rutas marítimas podría fragmentar el comercio internacional y convertir al Ártico en un corredor independiente, con normas, costos y riesgos políticos propios, haciendo de esta región un nuevo punto crítico para las cadenas de suministro globales.
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