La OMI adopta el Código MASS: el buque autónomo pasa de la mesa de diseño a una realidad regulada
La industria marítima ha pasado gran parte de la última década debatiendo si los buques autónomos representan un verdadero avance comercial o simplemente una elaborada demostración de ingeniería financiada con grandes presupuestos. Ese debate aún no se ha resuelto por completo, pero una de sus condiciones fundamentales ya ha sido abordada.
Por Paul Morgan (gCaptain) – El concepto, algo controvertido, de los buques autónomos está cada vez más cerca de hacerse realidad, ya que la International Maritime Organization (OMI) ha adoptado el primer marco regulatorio global diseñado específicamente para los Buques Autónomos de Superficie Marítima (MASS, por sus siglas en inglés), conocido como el Código MASS, tras la conclusión de la 111.ª sesión del Comité de Seguridad Marítima celebrada en Londres el 22 de mayo de 2026.
La adopción no constituye una luz verde regulatoria para que flotas de embarcaciones no tripuladas crucen los océanos bajo el control de la inteligencia artificial. Es algo más mesurado y, posiblemente, más trascendental que eso. Representa el momento en que el regulador marítimo mundial reconoció formalmente que los buques autónomos y operados a distancia constituyen una categoría operativa legítima que requiere una gobernanza internacional específica, y no una categoría que pueda seguir dependiendo indefinidamente de autorizaciones experimentales y acuerdos individuales de los Estados de abanderamiento.
El Código entrará en vigor como un instrumento no obligatorio el 1 de julio de 2026, dando inicio a lo que la OMI denomina una Fase de Acumulación de Experiencia (Experience Building Phase). El marco formal para esta etapa se desarrollará durante la sesión MSC 112, prevista para diciembre de 2026. Una versión obligatoria del Código está prevista para ser adoptada el 1 de julio de 2030, y su entrada en vigor mediante enmiendas al Convenio SOLAS está planificada para el 1 de enero de 2032.
Para una industria que históricamente ha medido los cambios regulatorios en décadas más que en años, se trata de un calendario acelerado que merece ser tomado en serio.
Conviene ser precisos acerca de qué se ha adoptado realmente y a quiénes afecta. En su forma actual, el Código MASS se aplica a los buques de carga. La cuestión de su aplicación a los buques de pasajeros ha sido aplazada, y la OMI ha indicado que estudiará esa ampliación a medida que se obtenga experiencia durante la fase voluntaria. Se trata de una decisión pragmática.
Las consideraciones de seguridad y responsabilidad relacionadas con las operaciones autónomas de pasajeros son considerablemente más complejas que las asociadas a los buques autónomos de carga, y habría sido poco razonable esperar que el Código abordara simultáneamente ambas categorías en esta etapa.
El Código MASS contempla cuatro grados de autonomía, un marco que la OMI ha venido desarrollando durante varios años mediante su ejercicio de evaluación regulatoria:
- Grado 1: Los marinos permanecen a bordo y los sistemas automatizados de apoyo a la decisión asisten las operaciones.
- Grado 2: El buque se opera desde una ubicación remota, pero aún hay personal marítimo disponible a bordo.
- Grado 3: La embarcación es controlada a distancia sin ninguna tripulación a bordo.
- Grado 4: Operación totalmente autónoma, en la que los propios sistemas del buque determinan las acciones a realizar sin intervención humana directa.
Lo que ha cambiado es la dirección del desarrollo. La adopción del Código MASS no transformará el transporte marítimo mundial de la noche a la mañana. Los buques convencionales tripulados seguirán dominando las operaciones comerciales en el futuro previsible. Los marinos no están a punto de ser reemplazados a gran escala.
Lo que sí ha cambiado es que el buque comercial autónomo ahora posee una identidad jurídica dentro del sistema regulatorio internacional. Ya no es un proyecto tecnológico en busca de un marco normativo. Es una categoría operativa definida, con estándares reconocidos, requisitos de responsabilidad claramente establecidos y una ruta definida hacia una regulación obligatoria.
Esto no es un simple desarrollo administrativo menor. Es el momento en que una década de ambición tecnológica, inversión comercial y negociación regulatoria produjo un resultado que influirá en la forma en que los buques serán diseñados, operados, poseídos y asegurados durante el resto de este siglo.
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